martes, 25 de noviembre de 2008

POPOCATEPETL



OTRA CARA DEL POPOCATEPETL, ESTE IMPONENTE COLOSO AL QUE LOS HABITANTES QUE VIVEN EN COMUNIDADES ALEDAÑAS LE LLAMAN CON CARIÑO "DON GOYO"
¡QUE BUENA FOTOGRAFIA SEÑOR MAURICIO!
EL AMOR DE LOS VOLCANES.

Se dice que ella era una joven princesa y él un guerrero muy valiente que estaba enamorado de ella. Pero nunca faltan los envidiosos y los que no veían con buenos ojos el amor de la pareja.

El padre de la joven no quería a Popocatépetl por considerarlo de menor categoría social. Entonces Popo decidió que debía probar su valor y marchar a la guerra. Sólo después de volver triunfante, la familia de Izta lo aceptaría.

Una noche, los enamorados se despidieron haciéndose promesas de amor eterno. Popo prometió que Izta tendría noticias suyas sin demora alguna… y al amanecer, marchó a las Guerras Floridas.

Lo que Izta no sabía es que su padre le había dado dinero a un compañero de armas del joven, para que trajera la noticia de que éste había muerto en combate. Tal vez así, con su amado muerto, la joven accedería a casarse con el pretendiente que era del agrado de sus padres.

Y así fue: una infausta mañana, Iztaccíhuatl recibió la noticia de que Popocatépetl había muerto en combate y dicen algunos que murió de pena, y otros, que se quitó la vida.

Arrepentido, su padre resolvió depositarla en lo alto de una montaña, donde la joven recibiría sólo las caricias del sol y de la luna. Y así fue.

Mas hete aquí llegó Popocatépetl triunfante en busca de su amada y se enteró de la triste nueva.

Apenado, el padre de Iztaccíhuatl le contó todo; el joven, abrumado por su dolor, sólo pidió que lo llevaran hasta donde yacía el cuerpo de su amada y pidió –como último favor- que lo dejaran a solas con ella.

Izta yacía como si estuviera dormida, la muerte no había logrado perturbar su belleza. Y Popocatépetl, sin más deseo que quedarse junto a ella, se sentó a sus pies para cuidarla por toda la eternidad.
Dicen que los dioses, conmovidos por este amor inmortal, convirtieron a ambos en montañas de piedra y los bañaron con una lluvia de nieve.

Tomada del libro:
Leyendas del Popo y algo más.
Beatriz Donnet

2 comentarios:

CANDY dijo...

Hay tantos lugares de esas imejenes que yo no conosco pero se ven super bonitas. Siga asi profesor.

jose dijo...

ESTA PADRE MIS RESPETOS YA NI SE ACUERDA DE MI MI EEEEEEEEEEEEEEEEEE